
Ando necesitando una mano, un brazo, tal ves hasta un codo.
¿Sería mucha molestia?. Entré despacito después de meses de meditación y un empujón de por medio, o más bien
'patada en el tuje' de por medio.
Entre el nerviosismo y la ansiedad tiendo a quedarme en los detalles: las raíces de la palmera se están devorando el jardín, y el arco de la puerta podría ser el de la casa de un enano de cuentos.
Aurora, moviendo la cola feliz me da la bienvenida primero. Ella sale por detrás y tiene ojos profundos, me invita a pasar.
Aguayos, duendes, artesanías, dibujos, maderas, sahumerios. Cada cosa en su lugar para encajar como un
rompecabezas perfecto con ese mundo que necesito me acoja.
Voy a salir de ahí con los ojos húmedos, pero feliz.
Con la mente relajada, pero no en blanco.
Voy a hablar un poco con la
brujita, y voy a notar que a todo eso a lo que hacía oídos sordos mi corazón lloraba mudo.
No va a ser fácil encontrarme. Me va a tomar un par de días. Como dar el portazo me costó meses, muchos.
Ahora, otra vez, respiro. Es aire y lo siento puro.
Río,
río y
sonrío y no necesito un poco de humo o del genio amarillo helado detrás de la botella de vidrio para hacerlo sin
fingir.
Sonrío en serio.
Es que volví. Y si no volví, estoy volviendo.
Volviendo de no ser yo tanto tiempo.
Quizás sin esa charla frente a una mujer mágica nunca lo hubiese notado.
Tal vez fue en realidad un monólogo frente a mi misma.
A
MI, MI,YO esa que hace tanto que me había olvidado. Hace tanto no la charlaba. No la dejaba ser. No la dejaba elegir. Se quedaba muda y se conformaba con todo.
Se había olvidado de que
no solo vale HACER FELIZ, que también hace falta SER FELIZ.
Porque prefiero gastar el poco tiempo con mi tribu en compartir sonrisas y no llantos.
Porque mi vieja suficiente tiene con sus
mambos.
Porque te veo tan poco que desperdiciar besos en hablar, hablar y hablar sería como dejar que la vida nos saque la lengua.
Porque peso 10
kg menos de lo que debería. Porque empezaba a comer ‘porque hay que comer’, porque llegué a perderle el gusto a la mayoría de los placeres. Porque
parezco una calavera que, efectiva mente, no chilla.
Porque fumo 10 cigarrillos más del pucho que disfruto. Porque el humo entrando por mi boca dejaba de ser un placer, para ser un acto de inercia, sin gozo, hasta provocarme algo
contradictorio entre el asco y la resignación.
Porque
quiero un viejo sano, con la frente alta y el corazón parchado; y ningún viejo sonríe plenamente cuando sabe que su
costillita esta fingiendo ser feliz.
Porque me falta mucho.
Porque tengo ganas de vivir, y de vivir bien.
Porque me estaba volviendo tan escéptica como incapaz de enamorarme. Porque juego con ellos. Porque voy caminando y rompiendo corazones de hombres que no lo merecen. Porque el término que me corresponde sería una experta hija de puta.
Por todo y porque sí. 
Porque hasta el ser más pasivo necesita dar un portazo.
Hasta el
carácter más sumiso debe decir BASTA.
Hasta al alma más
auto suficiente le agarran ganas de enamorarse.
Porque hasta el más indiferente debe sentir bronca frente a la injusticia, y en el camino había olvidado también la injusticia a la que no se le puede cerrar los ojos: la injusticia contra mí.
Había olvidado de la
autodefenza, tanto hasta no saber defenderme de mí misma.
Me abandoné para no abandonar al resto.
Gracias, bomba de estruendo, hacía falta un poco de ruido, y mucho viento que me
zamarreé.
Un poco de acción y reacción.
Y caer de la cuerda floja para encontrarme con una cama elástica abajo, para tomar impulso y saltar más alto.
Saltar, saltar, saltar. Basta de cuerdas. Basta de jugar a la contorsionista, de caminar temblando, de equilibrios efímeros.
Bienvenida Lau.
Le doy mecha al fosforito, saco chispa,
sonrío, me descalzo y bailo un poco. Yo otro vez YO, y no 'cosa' .
YO, otra vez, y por fin.
Volví.